Domingo 22 de enero de 2017

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17.04.2010

Entrevista a Raúl Salazar

El autor de Dios llamó a mis padres nos cuenta qué lo motivó a escribir y a quién lo recomienda.



¿Qué te motivó a escribir este libro?
Nuestro ministerio, junto con Alejandra, mi esposa desde hace 20 años, estuvo relacionado con adolescentes y jóvenes. Aún recuerdo cuando le sugerí al Señor que no deseaba trabajar en el ministerio juvenil, hoy observo que mi perspectiva de ese entonces estaba muy equivocada.

Desde nuestro llamado (nos iniciamos en labores educativas y pastorales), ministramos en más de 100 eventos, en su mayoría relacionados con la juventud. Allí comenzó mi dolor y preocupación. Observaba a aquellos asistentes, que en muchos casos eran hijos de cristianos muy comprometidos, y aun de ministros, que presentaban carencias de atención y serios problemas de conducta. Con ayuda del Espíritu Santo pude relacionarme con algunos de estos jóvenes, y ellos fueron de inspiración para este libro.

¿Sobre qué trata?

Dios llamó a mis padres es el relato de la vida de los hijos de algunas personas llamadas al ministerio. En unos casos, las personas llamadas eran todavía solteras o casadas sin hijos, y en otros, ya tenían una familia con hijos. Dios decidió llamar a alguno de los cónyuges, y a partir de allí, se produjeron innumerables cambios en la vida familiar.

En sus diez capítulos nos introducimos en la vida del hogar de algunos de los hombres más conocidos del Antiguo Testamento. Ellos han sido temas de miles de disertaciones: Sobre su llamado, su respuesta al llamamiento, las vicisitudes que atravesaron, y los logros obtenidos. Pero siempre me surgió un interrogante, ¿qué de sus familias?, ¿qué sucedió con sus hijos a partir del momento de recibir el llamamiento Divino? En este libro encontramos a diez diferentes hijos quienes, personificados por el autor, se toman la licencia de contarnos la vida de la familia, lo que no se escribió en la Palabra, y tampoco se escucha desde muchos púlpitos. ¿Cómo es la familia de hombres que a los ojos de la iglesia son tan renombrados? ¿Cuáles son las necesidades de la familia, y cuánto tiempo tienen esos hombres para formar la vida de sus propios hijos?

¿Cuáles fueron tus objetivos al escribir?

- Abrir el corazón de los hijos hacia los padres. Muchas veces, en nuestro hogar, nuestros hijos sentían que si decían exactamente lo que necesitaban o sentían, provocarían malestar o disconformidad en nosotros. Ellos saben el valor que tiene el llamado de Dios en la vida de sus padres, y entiendo que no quisieran provocar inconvenientes en la ejecución del mismo. Pero considero imprescindible que ellos puedan expresarse libremente, aunque nuestro llamado se haya producido antes de ser padres. Sé que Dios en su omnisciencia ya nos había visto conformar una familia. Por lo tanto, una de nuestras responsabilidades más grandes es estar disponibles para ellos.
- Sanar el corazón de muchos hijos que se han criado bajo una formación exigente y con muchas demandas, que observan en silencio a sus padres, famosos en público, pero inactivos o ausentes en el hogar. Sus padres recibieron un llamado Divino, y respondieron al mismo con tal intensidad que tal vez, en la administración de sus tiempos y prioridades, hirieron a los que más amaban. A través de los distintos capítulos veremos a los hijos de grandes hombres que tienen la libertad de expresar su dolor y soledad, o sus necesidades afectivas. Este no es un problema del llamamiento en sí mismo, sino de la falta de consejería y de preparación para aquellos que ingresan al ministerio. Entiendo que con la ayuda correcta y formación ministerial podemos sanar a muchos de esos hijos, y preparar mejor a aquellos que integrarán las filas de los llamados en estas próximas décadas.

- Abrir una nueva perspectiva para los padres. Muchos de los que hoy estamos intensamente ocupados con nuestro llamado, pocas veces hemos oído un sermón sobre las familias de los hombres de la Biblia. Se nos habla acerca de sus logros, de sus desafíos, de sus crisis y de la fe que mantuvieron, pero no se avanza sobra la temática familiar. A varias generaciones anteriores se les enseñó en forma teórica, las prioridades: 1. Dios; 2. Familia; y 3. Ministerio. Pero en la práctica, la vida real no aplicaba estos principios, sino que alteraban en más de una oportunidad, el segundo y el tercer punto. No creo que esta situación sea premeditada, sino como una incorrecta interpretación de las urgencias y necesidades del ministerio. Esto provocó que la mayor parte de su tiempo se haya volcado indiscutiblemente hacia la gente a la cual ministraban. Ellos, al leer este libro, podrán tener una oportunidad de examinar sus propias vidas, familias y ministerios.

En resumen, uno de mis anhelos es que con la lectura de este libro, muchas familias puedan encontrar un punto inicial para sentarse como núcleo familiar y dialogar sobre los diversos temas que aborda Dios llamó a mis padres. En mi propia familia, como lo expreso en el libro, tuvimos que organizar momentos de libre expresión y de diálogo, para corregir errores en los cuales cualquiera de los integrantes de la familia pudo haber caído, conscientemente o no.

¿A quién está dirigido?

Me resulta difícil delinear los destinatarios, pues desearía que todos los hijos de aquellos que estamos involucrados en el ministerio pudieran tener acceso al libro, ya que gran parte del mismo está íntimamente relacionado con ellos. Incluyendo a los que ya son jóvenes adultos, tal vez casados, pero que vivieron en casas de ministros. Seguramente se sentirán como si se tratara de sus propias familias. Esto ya me lo han expresado decenas de personas que tuvieron la oportunidad de leerlo.

También oro para que los que están en el servicio a nuestro gran Dios, puedan leerlo, ya que el mismo les expresará muchas de las palabras que tal vez nunca nuestros hijos se atreverían a decirnos. Tal vez por temor, por amor o para no incomodarnos. Los personajes del libro muestran sus necesidades y preguntas. Nosotros somos responsables por su formación y su desarrollo, aun por su futuro llamamiento. Al final de cada capítulo, he sugerido una serie de preguntas para los padres. Mi especial atención e interés es provocar un ambiente donde podamos recapacitar sobre nuestra conducta como padres y ministros.

Por último, es aconsejable para todos aquellos que entienden que sus vidas son llamadas a un ministerio más comprometido. Aún siendo jóvenes y solteros. Ellos con los años formarán hogares donde sus hijos enfrentarán muchas de las situaciones mencionadas en este libro.


Por: Certeza Argentina
Por Nélly Pérez
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